CHULETÓN DE HONGO
Por Jesús Alcalá, Director de Faro Norte

Hay un hongo que, según la temporada y su lugar de origen, puede alcanzar el tamaño de un buen chuletón. De ahí que, como si fuera yo un carnicero, le saco una tajada, pero ¡eso sí!, teniendo el cuidado extremo de conservar intactos tanto su atractiva forma como su tamaño anormal; y, tal fuera jugoso “chuletón” y de excelsa calidad, lo paso vuelta y vuelta por la sartén; y, puesto que no es un chuletón no lo sirvo en la típica bandeja alargada tan apropiada para semejante trozo de carne: en un clásico plato redondo dejo que ocupe el sitio entero. ¿Resultado? Los ojos se lo comen. Es evidente. Pero, el gusto, que es otro sentido que también conoce el estómago, alega que ¡sí!, hay que fiarse de las apariencias.

No obstante, esto de llamarle a este plato “Chuletón de Hongo” que ahora nos parece tan obvio, no se vaya a creer nadie que acertar con el nombre de un plato, en muchos casos, sea tarea fácil. Aunque para esta ocasión habré batido un récord. Todo ocurrió en un minuto o poco más. Y, ante las cámaras de televisión y en un programa en directo...

Todo empezó porque alguien le contó a una popular periodista de televisión lo pasmado que se quedó ante los mostradores de nuestra barra. Que encontrarse allí con “tan descomunal cantidad y variedad de tonos, colores y formas de setas” le había dejado totalmente fascinado. De ahí que se motivó esta reportera para seleccionarnos para la “filmación del Mundo de las Setas y su Cocina”. Y esto es lo que me animó para tampoco quedarme yo corto a la hora de informarla. Le dije que Oscar Urueña, que nos trajimos del Goizeko Kabi de Bilbao con su Estrella Michelin, además de ser nuestro Jefe de Cocina es, un experto micólogo... Y que yo, muchas veces, hago guardias de noche, para atender a los cazadores de setas, venidos de distintos rincones de la península y que por respetar sus horarios de “vendimia” me llegan aquí en cualquier momento.

“¿No habrá seta ú hongo que no conozca y que no haya acabado en su fogón?, ¿verdad?” Así es, le contesté. Y ahí me veo con cada seta que mi mano muestra a la cámara dando todo tipo de explicaciones: que cuál es su nombre, su historia, qué sabor tiene, en qué época aparece y dónde, cómo se cocina, ¡uf! Así hasta una media docena de variedades y sin tomar respiro… Cuando de repente manda a su cámara enfocar otra cesta de setas y que, lo mismo, me ponga yo delante a discurrir de igual manera que para las anteriores. ¡Me quedé en blanco!!! Pues allí me tenías sujetando, y esta vez ocupadas enteras mis dos manos, una seta de tamaño gigantesco y con un precioso tono marfil anaranjado.

Probablemente esto último, que tanto captó la atención de la periodista, es lo que también a mí, a pesar de no acordarme en absoluto de qué tipo de setas se trataba, me inspiró para crear de inmediato su plato. Me lancé diciendo que había que servirla de una sola tajada y etc. etc. como grosso modo venía contando aquí antes y, que a este plato le ¿llamamos? Chuletón de Hongo. Así se quedó en la Carta la susodicha seta. Y lo único que se queda en blanco, una vez presentado en su plato, es el filo de la vajilla...